La Sagrada Familia


La Sagrada Familia está plagada de turistas. Me detengo en la plaza de enfrente. La fachada este me recuerda un poco a esos nidos de avispas hechos de barro con forma tubular. Los turistas circulan como avispas. La Sagrada Familia se construye con plata de ellos. Se construye para ellos. 
El ábside, como en casi todas las iglesias, se compone de varias cúpulas que se afinan buscando el cielo. Para llegar al cielo hacer falta se cada vez más leve. Pero aquí, sin embargo, también hay un peso, una densidad enorme en la fachada que chorrea, que se derrite y cae, que se desparrama y se funde con el suelo. La Sagrada Famila, mientras se eleva, cae.
A pesar de estar todavía en construcción, hay partes que ya se están restaurando. Los trabajos parecieran querer eternizarse. Es como una fontana donde el agua que circula es la obra. Si dejás una moneda en La Sagrada Familia, volverás a La Sagrada Familia a dejar una moneda. Que hará falta para seguir con la obra. 
Me acerco a la boletería. La entrada cuesta 8 euros, con visita guiada 11 euros, el ascensor cuesta 2 euros. Me gustaría ver Barcelona desde un punto tan alto. Decido tomarlo. Pero en la boletería me dicen que sólo se lo puede tomar el ascensor si se compra la entrada general de 8 euros. Me fijo en la billetera. No tengo los 10 euros que hacen falta. No puedo entrar en la Sagrada Familia.


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